No sólo respiramos aire, vivimos inmersos en un océano de energías sutiles. La geobiología estudia cómo las radiaciones naturales de la tierra interactúan con los seres vivos.
Nuestro hábitat no es neutro: puede recargarnos de vitalidad o debilitar nuestro sistema inmunológico si estamos sobre «zonas alteradas».
La superficie terrestre está cubierta por campos eléctricos y magnéticos que varían según la composición del subsuelo. Al igual que existen mapas topográficos, existen mapas de la actividad magnética natural. Nuestras viviendas están construidas directamente sobre esta red viva.
Las energías del subsuelo forman «paredes verticales invisibles» que atraviesan todos los materiales, afectando desde plantas bajas hasta un piso 20.
Existen zonas neutras que están libres de radiación terrestre, y esos son los lugares ideales para el descanso y la regeneración celular.
La red Hartmann va de Norte – Sur, Este – Oeste. Son cuadrículas de 2 x 2,50 metros y tienen un grosor de 21 cm.
La red Curry va en diagonal Noroeste – Suroeste, son cuadrículas de 6 a 8 metros y tienen un grosor de 40 cm.
El nombre de estas líneas viene de sus descubridores, Dr. Ernst Hartmann y Dr. Manfred Curry.
El mayor riesgo ocurre en los puntos exactos donde estas líneas energéticas se cruzan, si tu cama, sofá o escritorio coincide con una intersección, tu cuerpo recibe una sobrecarga de alteraciones electromagnéticas. El efecto nocivo se multiplica si debajo del cruce fluye una corriente de agua subterránea o existe una falla geológica.
Según las investigaciones del Dr. Hartmann, el 60% de las enfermedades crónicas son consecuencia de una exposición prolongada a zonas geopatógenas que debilitan el sistema inmunológico y endocrino.
Insomnio persistente o sueño no reparador, cansancio crónico y fatiga extrema al despertar, dolores musculares, calambres o migrañas sin causa aparente, nerviosismo, ansiedad o hiperactividad (especialmente en niños).
La naturaleza lo sabe, las hormigas y los insectos buscan instintivamente los cruces alterados. Frecuente aparición de hormigueros en zonas específicas.
Los gatos adoran dormir sobre las zonas geopatógenas para descargar energía, mientras que los perros las evitan a toda costa.
Árboles con troncos retorcidos o con tumores, y plantas de interior que se marchitan repetidamente en el mismo rincón.
Lo que es invisible a lo ojos no es indetectable, mediante la radiestesia se mapea con exactitud milimétrica la cuadricula energética de la vivienda o empresa.
Se identifican las zonas seguras (neutras) y se ubica con precisión las alteraciones para reorganizar dicho habitat y proteger la alud de las personas que están en ese entorno.
El primer paso es identificar las zonas y a continuación solucionarlo de raíz, una vez realizado el trabajo de campo profesional se busca el lugar donde se va a colocar la «pegatina disipadora», y esta herramienta desplazará las líneas geopáticas a unos 80 metros de la vivienda o negocio, y será un espacio 100% libre de radiaciones terrestres, garantizando un habitat sano.